21 Mar
21Mar

En el mes de marzo se conmemora el Día de la Mujer, resaltando un hecho histórico ocurrido en este mes, más exactamente el día 8, en el año 1908, Este acontecimiento dejó marcado  la tenacidad de las mujeres, su capacidad y determinación para enfrentar las crudas realidades de la vida. Pero no solo aquellas mujeres han demostrado de qué están;  la historia de la humanidad nos registra innumerables mujeres que,  con su historia de vida, inspiran y han dejado una huella de valentía y determinación. Hoy quiero inspirarte por medio de estas historias a reconocer que sí se puede. Deseo transmitir a tu vida experiencias. Y vivencias, para no te rindas frente a los desafíos de la vida. principios y convicciones que de seguro trascenderán no solo en ti, en tu presente, sino hasta tus próximas generaciones. Yo quiero hacer un homenaje a unas mujeres con las que he compartido toda mi vida, con las que he vivido todas mis etapas, las que han estado presentes en cada momento de mi vida, las que, con conocimiento de causa, puedo decir que merecen estar en la lista de las mejores; ellas merecen el título de GRAN MUJER. Una de las bendiciones más grandes y hermosas con las que mi Dios me ha premiado en esta tierra ha sido tener a mis hermanas. Para mí, tenerlas en mi vida ha significado la red de apoyo más genuina y sincera. Cada una tiene una singularidad, cada una es única, auténtica; pero, a su vez, tan parecida la una a la otra. Es increíble cómo aprendimos a tener gustos tan parecidos, a ver la vida de manera tan similar. Entre nosotras hay códigos de comunicación que solo nosotras entendemos; hay gestos, miradas y silencios que solo entre nosotras podemos descifrar. Para hablar de ellas las palabras no me alcanzarían, pero quiero, en breves palabras, describírselas. Cada una tan especial, cada una ocupa un lugar exclusivo en mi corazón. LA MAMÁ DE LOS POLLITOS Hablar de Ceneida, mi hermana mayor, es hablarles de la nobleza hecha mujer. Sí, ella que, por cosas de la vida, tuvo que vivir su niñez lejos de nosotros, pero nunca olvidada, porque todos en casa anhelábamos con ansias que llegaran las vacaciones estudiantiles de junio y diciembre para poderla tener en casa. Era para mí mi heroína, la hermana mayor, mi “tita”, como le dije por muchos años. Su llegada significaba alegría, regalos; era como si un pedacito de la ciudad llegara a nuestra casa campesina. Fue la que salió a apretarse para enfrentar un duro desafío que la vida le tenía guardado. Fue así como, a sus veinte años, la vida le reveló el gran secreto y pudo comprender para qué la había preparado. A mi hermana le tocó hacerse cargo de la crianza de sus cinco hermanos menores. Sí, una joven llena de sueños e ilusiones, ilusiones que apenas empezaba a acariciar, pero la vida le supo poner los pies bien sobre la tierra. Sé que no fue fácil para ella enfrentar tan grande adversidad, pero Dios la dotó de todas las herramientas para que la enfrentara, y qué bien lo ha hecho. A sus 20 años se convirtió en la mamá de los pollitos, la que dejaba de comer para que los suyos tuvieran, la que nos enseñó que primero el bien colectivo y después lo individual, la que con su ejemplo nos demostró que sí es posible salir adelante si permanecemos unidos, porque su lema era: “uno para todos y todos para uno”. Para ella, lo de uno es para todos y lo de todos es para uno. La vi, por muchos años, dejar de vestirse ella como se lo merecía, como recompensa por su labor de docente, para que sus hermanos pudieran tener cómo vestirse. Ahora me pregunto cómo hacía para siempre resolvernos las situaciones económicas, si a veces su sueldo era tan escaso y en ocasiones no llegaba a tiempo. Fue gracias a Dios y a ella que el vacío que dejó la ausencia de nuestra madre no se sintió tan fuerte. Mi hermana mayor es una mujer de alma muy sensible: llora por todo y por nada, llora por el dolor ajeno, llora si está muy feliz, llora por sí o por no. Pero no se confunda, pues a su vez es una mujer de carácter muy firme y decidido; cuando se para en su posición, muy difícilmente la hacen retroceder. Es de una paciencia inigualable, soporta lo que no todo el mundo soporta, enmudece para no ofender, pero cuando la hieren y se resiente, téngale miedo, porque con la misma intensidad que ama y con la misma entrega con que acompaña, con esa misma fuerza se retira y cierra la puerta de su corazón. Es de las mejores docentes que han tenido las instituciones en las que, por la gracia de Dios, ha laborado. Es una profe cercana a sus alumnos, se gana la confianza de ellos, es amiga, pero no permite que ningún estudiante se sobrepase. Le gusta dejarles muy claros cuáles son los límites. En sus clases está permitido reír, charlar y hasta bromear, pero cuando es hora de trabajar, a todos los pone en su lugar. Ha sido madre incondicional para sus tres hijos. Sus enseñanzas de vida han quedado bien marcadas en ellos, desde su experiencia, desde sus aciertos y desaciertos, pero se ha tomado su tarea muy en serio. A mi hermana Dios le ha permitido tener a su lado un hombre muy bondadoso. Su pareja llegó a ser para nosotros como el hermano mayor, como un protector. Le ha tocado tenernos demasiada paciencia, porque su casa siempre será nuestra casa; hemos sido su sombra. Pero para él es un deleite sentirse rodeado y con la casa llena de personas. Mi hermana mayor es a quien todos recurrimos a la hora de tomar una decisión importante; ella debe saberlo, y contar con su aprobación es para nosotros como una señal del cielo. Es una mujer muy elegante, y no porque sea mi hermana, pero Dios la dotó con cualidades para ser hasta Miss Universo, pero como diría mi amado padre, ella no fue reina porque no quiso, porque su corona se la hubiese ganado. Hablar de ella es hablar de toda una dama, de una mujer con los pies en la tierra, prudente, elegante y de buen gusto, pero sin extravagancias. No le gusta presumir de nada de lo que tiene, aunque tenga mucho con qué hacerlo; su sello es la discreción y la modestia. El dar y el servicio son los dones que la caracterizan. En su casa, el necesitado siempre encontrará un bocado de pan, y sus hermanos siempre podrán llegar. Mucho me faltaría por contar, pero la chola es nuestra hermana mamá. Es la hermana que une la familia con los demás parientes; es como hermana también para sus primos. En ella siempre podrán encontrar un apoyo, un alivio y un consejo. LA MANDAMÁS Ahora les voy a hablar de mi segunda hermana, la mandamás. Para ella tampoco fue fácil el desafío que enfrentó, pues le tocó asumir el reto de hacerse cargo del cuidado de la casa. Ella era la preocupada por qué se iba a preparar de comida, la que nos llamaba la atención, la regañona, la que peinaba, la que se fijaba si esa ropa sí combinaba, si el brasier estaba bien puesto, si el cabello estaba limpio, la crema para la cara, la bebida para los huesos. Ella se las da hasta de médico naturista; en su casa siempre hay una bebida para la inflamación, para esto y aquello y hasta para no sé qué. En fin, a ella le ha tocado hacerse de corazón fuerte y enfrentar los avatares de la vida. Aun siendo menor de edad, tuvo que enfrentar responsabilidades de mujer adulta. Celeny se negó mucho a ella, porque darse para nosotros; ella, al igual que Ceneida, tomó como marca personal el bien colectivo. Todo empleo, toda bendición que llegara a sus manos fue y será pensando en el bienestar de los suyos. Es polifacética y profesional. Ha debutado como modelo, recepcionista, cajera, despachadora de embarcación, auditora de la Gobernación de Antioquia, administradora en salud. En fin, pregunte por lo que no vea, porque todo lo ha hecho. Todas esas experiencias y esos trabajos con el objetivo de superación y ayudar a sus hermanos. A ella le tocó llevar sobre sus espaldas el peso de la responsabilidad del cuidado de sus tres hermanos menores, responsabilidad que su madre, en el lecho de la enfermedad, le recalcó a tal punto que para ella se convirtió en su misión de vida. Por eso le cerró muchas veces las puertas al amor, a una relación de compromiso que la llevara lejos de sus hermanos. Celeny, aunque de una personalidad un tanto tímida o callada, es de espíritu aguerrido. Las personas fácilmente se equivocan con ella, porque quizás la crean débil, pero no es así, porque de débil no tiene ni el dedo pequeño del pie. Si le quieren conocer la leona que lleva dentro, toquen o maltraten a uno de los suyos; allí para ella desaparecen los modales y los protocolos, porque a los suyos nadie se los toca. Mi hermana es de palabras sin filtros, sin maquillaje; expresa lo que siente y como lo siente, aunque a veces se arrepiente después, pero ajá, esa es ella. La amiga un rato, la que si se siente vulnerada o atacada, sale de frente. No le gusta tragar entero: “se tenía que decir y se dijo”, ese es su lema. Es de alma resiliente, no se llena de amarguras ni rencores con nadie; si algo no le gustó, lo dice y sigue adelante. No se permite aguantar hambre, es de buen comer en todo el sentido de la palabra; le gustan las comidas exquisitas, dice ella. En su casa siempre hay bocado de pan, por eso siempre estuvo muy pendiente de la alimentación de sus hermanitos. Por muy sencillo que fuera, así no hubiese mucho de dónde, inventaba algo genial, porque la comida es sagrada para ella. Hasta se inventa cosas raras. Es amante de los niños y, gracias a ese amor por los pequeños, Dios le permitió experimentar la bonita experiencia de ser mamá, aunque para la ciencia médica ya no tenía opción. Tiene a su lado un compañero de vida que ha sabido encarnar muy bien su rol de padre; es protector y cuidador de su pequeña. Y si de belleza hay que hablar, les cuento que esta negrita muy bien concursa para modelo de portada. Tiene una esencia única y exótica, como le digo yo; es que mis papás botaron el molde. Es la única tía a la que los sobrinos llaman por su nombre, pero eso sí, con mucho amor y respeto. Ella es para ellos la del compinche, la de “las que sea”; ellos son sus hijos. En casa los regaña y les habla fuerte, pero fuera de casa, ni quien se los toque. Tiene una particularidad: es amante de hablar largo rato por teléfono. Es a quien con seguridad la puedes llamar y casi siempre te contesta. También le encantan los reality y las telenovelas; es la compañía ideal para las sobrinas cuando de ver ese tipo de programas se trata. Ella, con sus luces y sus sombras, con sus aciertos y desaciertos, se ha caído, pero se ha vuelto a levantar. Es una mujer de fe, de convicciones, es amiga de sus amigos, pero no todos los que han dicho serlo en verdad lo son. Tiene la sangre dulce para ese tipo de personas, pero ella es de alma noble y da nuevas oportunidades; su generosidad le abre puertas. La vida no se la ha puesto muy fácil, pero Dios la ha ayudado y ha podido sortear cada una de las pruebas, y allí está en pie. Gracias a nuestro Dios, por esto y mucho más, mi hermana es toda una GRAN MUJER. PARA REFLEXIONAR... TÚ TAMBIÉN ERES UNA GRAN MUJER. TÚ CONOCES A UNA O VARIAS. NO ESPERES QUE YA NO TE PUEDA LEER: DILO, HAZLE UN HOMENAJE EN VIDA. Ahora les hablaré de mi tercera hermana, la de armas tomar, la aguerrida, la enérgica, la de la vitalidad, la “María Palito”, como le decíamos de niña, por lo brincona que era, y gracias a esa vitalidad cuántas castigadas se ganó de nuestra madre; pero aun así no se sabía estar quieta. Pero Dios, que es tan perfecto, sabía por qué la había hecho así, y es que para enfrentar el desafío que la vida le tenía preparado solo lo podía lograr gracias a la ayuda de Dios y a toda la energía y vitalidad que la caracteriza. Y sí, para mi hermana Cecilia también había su porción; también le tocaba llenarse de valentía y valor para convertirse en la GRAN MUJER QUE ES HOY. LA TIA UNIVERSAL Y DE ARMAS TOMAR Si a mis dos hermanas mayores les tocó hacer las veces de mamá adoptiva de sus hermanos menores, a mi querida hermanita le tocó ser madre biológica siendo aún una adolescente. Sí, le tocó enfrentar el gran desafío de ser madre a temprana edad, rol que ni ella ni ninguna de nosotras estaba preparada para enfrentar, pero con determinación y valentía ella lo asumió. No fue nada fácil. En ese entonces, a las niñas que quedaban embarazadas las retiraban del plantel educativo, pero mi padre apeló ante las autoridades del colegio para que por favor le permitieran continuar a su hija, y gracias a Dios aceptaron. Pero, obviamente, a ella le tocó cargar todo el peso de la responsabilidad. Mi hermana no supo lo que fue disfrutar de un antojo, un vómito o cuidarse de una maluquera; no pudo darse ese lujo. Ni la economía ni las circunstancias se lo permitían. Le tocó ser madre en doble porción, pero gracias a su energía lo superó y ha sabido ser una muy buena madre para sus dos hijos, que gracias a Dios y a su sobreesfuerzo pudo sacar adelante y darles estudios universitarios, y hoy puede presentar ante Dios y la sociedad a dos ingenieros civiles. Ella ha sido para ellos su soporte, su bastón, y gracias al apoyo de sus hermanas, cuando ella no podía o no tenía, ellas la apoyaban. La jornada no ha sido nada fácil para mi hermanita, pero lo ha logrado. Fueron muchos días de trabajo duro y desgastante: trabajaba todo el día y estudiaba de noche para sacar su estudio en enfermería, porque era su sueño, ser enfermera, y lo logró. Ser enfermera para ella es una pasión, porque le da la oportunidad de encarnar perfectamente la vocación de servicio que la caracteriza. Cecy, como le decimos por cariño, es la de espíritu más servicial entre todas; ella está siempre dispuesta, siempre disponible, siempre atenta. Pero tiene una particularidad: aunque es de muchos conocidos —saluda a todos, abraza y da besos—, es de muy pocas amistades. Ama su soledad en casa, claro, privacidad que ha ido perdiendo porque sus sobrinas “chicle” se la invaden. Ella es la tía universal, la tía de los juegos y los parches, amante de las series coreanas, y tiene la sobrina mayor que la acompaña. Es muy limpia y organizada, es la caritativa, tierna, también digna hija de sus padres; es que mis papás tuvieron una colección de niñas lindas. A mi hermana las experiencias de la vida la cambiaron tanto que pasó de ser brincona a ser muy fiel a un ideal, a una empresa, a una profesión, a una persona, a un compañero de vida. Desde que tengo uso de razón la recuerdo siempre con el mismo compañero de vida, con el que dijo: “aquí estoy y aquí me quedo”. Han pasado las verdes y las maduras, pero no se sabe quién está más adherido a quién; lo cierto es que se conocieron siendo unos adolescentes y ya se están envejeciendo juntos, ya hasta abuelos son. Eso sí, parece ser un amor a prueba de todo. Mi hermana es de emociones intensas: si va a llorar, llora con el alma; y si se ríe, lo hace con todas las fuerzas. En su pasada vida era capaz de empuñar cualquier objeto y no le temblaba la mano, pero toda esa pasión la ha transformado en amor y servicio a Dios y al prójimo. Es la enfermera de cabecera de la familia y en la iglesia; si ella está, el enfermo se siente más tranquilo. Todos en casa hemos probado sus manos aplicando una inyección, acto que hace con tanto tacto y delicadeza que ni se siente. Solo de ella sus pequeños sobrinos se dejan inyectar o canalizar. Pasar por lo que ha pasado y vivir lo que ha vivido le otorgan el gran título de ser una GRAN MUJER. Otras en su lugar se han rendido, han tirado la toalla, han desistido de sus sueños y de sus ideales, pero mi amada hermana se amparó bajo la sombra del Omnipotente, y debajo de sus alas ha estado muy segura. PEQUEÑA GIGANTE. Y termino con mi pequeña hermana, mi hermana menor, la pequeña de estatura, pero grande de corazón. No sé si por ser la más pequeña pudo absorber de mi hermana mayor más de su esencia; es que son muy parecidas. Son docentes las dos; la generosidad la encarnan perfectamente. No presumen de nada, aun cuando tienen todo para hacerlo. Ella es como una copia de mi hermana mayor en miniatura en cuanto a talentos y destrezas se refiere. A mi hermanita, aunque fue la más protegida por su corta edad y vulnerabilidad al momento de fallecer mi madre, también ha sabido hacer su parte. Ella ha demostrado más que nadie que los obstáculos y las barreras más grandes son los que tenemos en la mente, pero los físicos y los de las realidades de la vida sí se pueden superar si tienes a Dios como guía, un círculo de apoyo, una visión clara y una disciplina constante. Mi manita, Celmy, como se le dice de cariño, es amante al estudio, juiciosa en todo el sentido de la palabra, inteligente, comprometida, responsable. Es otra llorona, llora por sí y por no; aunque es un poco nerviosa, es muy valiente y decidida. Se ha enfrentado a retos que solo ella los puede sortear. Aunque es la menor, es la que más alto ha escalonado en estudios. No se confunda si la ven pequeña de estatura, porque lo que no tiene en estatura lo tiene en carácter, inteligencia y determinación. Su más grande desafío ha sido llegar hasta donde está hoy, aun cuando el camino se le cerraba y las condiciones de su entorno no eran las más favorables; pero su vida es vivo reflejo del premio a la fidelidad a Dios y a sus principios y metas. Su ejemplo nos muestra que vale la pena esperar, que vale la pena trasnochar mientras otros duermen, que vale la pena abstenerse mientras otros disfrutan y malgastan, que vale la pena llorar mientras otros ríen, que vale la pena esperar mientras otros se rinden, que vale la pena sembrar si quieres cosechar. Ella es la tía de los detalles, la dadivosa, la selectiva y exclusiva hasta para vestirse. Es de un gusto fino y delicado, no es amante a las extravagancias. También es muy familiar; la familia, después de Dios, es todo para ella. Es de alma agradecida, un tanto inocente, pero analítica; nadie le mete los dedos a la boca, sabe muy bien dónde está parada. Goza de un hogar muy lindo, un esposo que la cuida y protege. Primero se ganó su amistad y luego conquistó su corazón, y un hijo prodigio, digno hijo de su madre. Llegar hasta donde está hoy no ha sido producto de la casualidad; ha sido el resultado de su determinación para no amilanarse ante los desafíos que la amenazaban con derrumbarla. Pero ella, al igual que mis otras hermanas, supo entender que era la única opción: no se podía dar el lujo de desistir, de detenerse. Otros ya la habían sostenido, ahora le tocaba a ella pararse firme, hacerse de valor y ayudar a sostener a otros. Ella, mi “chiqui”, como le dicen sus amigas, es de un grupo selecto de amigos; en casa sabemos claramente quiénes son. Ella sí sabe mostrarse amiga de sus amigos, llora sus tristezas y se goza sus alegrías. Los hijos de sus amigas la llaman tía, por el grado de intimidad que logra con ellos. Sus llamadas telefónicas duran horas; creo que no se cansa de hablar. Es excelente en la enseñanza, creativa, ágil y muy recursiva. Es muy linda; su cabellera adorna su rostro, un rostro con rasgos muy femeninos, propios de la mezcla de genes de donde proviene. En su físico es muy parecida a mí, ¿será que me heredó la belleza? Jajaja, pero a menudo me confunden con ella. También tiene la particularidad de estar rodeada por amistades un poco intensas y, a veces, decepcionantes, pero ella sabe cerrar muy bien esos ciclos, esos capítulos en su vida; los cierra y bota las llaves. Pero se toma su tiempo para sentirlo, dolerle y despedirse de los procesos. A ella las pérdidas y despedidas la marcan mucho, quizás a razón de haberse quedado sin madre a tan temprana edad. Pero, pese a todas las adversidades que la vida le ha presentado, ella se ha levantado, valiéndose no de sus propias fuerzas, sino de las que da Dios a todo aquel que lo hace su ayuda y refugio, el que lo hace su fiel compañero de camino. Y eso sí ha sabido hacer mi amada hermana: hacer de Dios su guía desde muy temprana edad, y ese también es el gran motivo por el cual ella se ha convertido en una GRAN MUJER.

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